XVIII Salón del manga

Después de 15 años emplazadas en La Farga de Hospitalet, y teniendo ya por costumbre año tras año ver el ambiente otaku a dos pasas de casa, el cambio de sede del Salón del Manga realmente supuso un curioso cambio de perspectiva pero que, afortunadamente, ha aportado algunas novedades interesantes al Salón (que prácticamente ha doblado su capacidad).

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Así pues, el nuevo recinto, en la Fira de Barcelona, sede habitual del Salón del cómic, y la consecuente ampliación del espacio útil han hecho de esta edición una de las más – sino la que más – completas a nivel de actividades relacionadas con el manga y la cultura japonesa, algo que poco a poco ha ido incrementandose edición tras edición y que realmente es un gran punto a favor – sobretodo porque creo que al fin y al cabo, la gracia del salón es que sea algo más que una congregación de tiendas de temática otaku -.

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De este modo, Endless pudo pasarse un rato por el taller de kimono de Origami – o más bien no pudo resistirse a la fuerza invisible que la atrajo hacia el stand – impartido por una carismática mujer japonesa mientras yo me deleitaba con un cuanto menos estrambótico karaoke a ritmo de dos japonesas equipadas con ese genial e incomprendido instrumento que es la melódica.

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Este año el Salón dedicaba una de sus exposiciones a una de las grandes obras de Estudio Ghibli, Porco Rosso, con razón del vigésimo aniversario de ésta, así como un amplio abanico de actividades centradas también en el vigésimo aniversario de Dragon Ball en España.

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Así, entre tienda y tienda, taller y taller, este año una de las mayores novedades era una renovada y ampliada – muy ampliada, de hecho – sección dedicada a la gastronomía japonesa, donde nos encontramos con antiguos conocidos como Takashi Ochiai (que además impartió una interesante clase magistral sobre la preparación de mochis, que tuvimos oportunidad de degustar – bueno, algunos lo llaman degustar, otros lo llaman devorar -), la gente de Yatai ( Take Away de comida japonesa de visita obligada cada vez que vamos al festival de cine de Sitges) y muchos otros espacios de restauración que suponen una atractiva oferta que invita a no abandonar el salón a la hora de la comida.

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Como detalle adicional, remarcar que si visteis por el salón a un tipo raro con una máscara terriblemente mal hecha del Ecce Homo (y que se iba cayendo a pedazos, o mejor dicho, a pelazos, ya que su fragante cabellera iba desapareciendo a lo largo de la jornada), ese tipo era ni más ni menos servidor.

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Intento de mochis y logro de sushi

El fin de semana pasado Demon y yo teníamos la vena cocinera,  con lo que nos decidimos a hacer mochis (bueno, a intentarlo) y sushi. Para quien no sepa qué son los mochis, son unos pastelitos japoneses elaborados con harina de arroz glutinoso y rellenos de anko dulce, helado o lo que se quiera poner.

A pesar de no quedaron malos, más que mochis parecían panecillos de masa rara rellenos. Resulta que seguimos la receta tal cual nos venía explicada aquí, siguiendo los pasos del famoso pastelero Ochiai y cuyos mochis están de muerte. De relleno compramos helado, craso error para unos principiantes como nosotros, pues después de meter la bola de helado en la masa e intentar cerrarla, nos dimos cuenta de que era totalmente imposible, no había forma de cerrar la masa sin que el helado saliera por todos los lados.

Así que aprovechamos que tenemos por aquí una higuera para coger unos cuantos higos con los que poder rellenar los mochis. Cerraron bien, muy bien, de hecho. Lo único malo fue que nos pasamos con el grosor de la masa y de ahí que les llame “panecillos”, pues era demasiada gruesa.

También dejamos hechos dos mochis de helado que a pesar de que no cerraron bien y había más helado deshecho en el plato que dentro del propio mochi, estaban muy buenos, más que los de higo.

¡El sushi nos quedó muy rico! Lástima que a Demon se le olvidara traer su olla de tapa de cristal para poder ver cuándo hierve el arroz (punto muy importante) y éste no nos quedase tan en su punto como la última vez, pero vaya, estaba bien rico igualmente. Nos faltaron ingredientes pero nos las apañamos para hacerlos de salmón, tortilla y plátano.

Preparamos de estilo makizushi y nigirizushi, que personalmente son los que más fáciles resultan de hacer. Para ello seguimos la receta de Isasaweis, que la explica de maravilla.

Pastelería japonesa en Barcelona: Ochiai

Resulta que hace tiempo, buscando sitios para merendar por Barcelona, vi por internés varias recomendaciones sobre esta famosa pastelería japonesa situada nada más y nada menos que en el centro de la ciudad. Así que como hace poco fue nuestro aniversario, aproveché la ocasión para llevar a Demon a merendar allí (lo curioso fue que los dos teníamos un sitio “sorpresa” donde llevarnos y resultó ser el mismo :D).

Mostrador principal (¡fotografía “robada” de aquí!)

En la pastelería se pueden encontrar verdaderas maravillas, pastas, galletas,  macarons, pasteles, helados, bombones, mochis, bizcochos,… y no sólo por la estética y aspecto que tienen las pastas en sí, pues creo que el sabor y la textura de sus productos supera lo visual (que ya es decir). Me parece que hasta el año pasado era sólo pastelería, pero ahora han abierto también en ella una zona de cafetería donde puedes degustar los productos. Un espacio muy tranquilo y agradable, por cierto.

El maestro que elabora todos estos productos es el artesano Takashi Ochiai, un pastelero que llegó a Cataluña en los años 80, especializándose entonces en la cocina japonesa.

Yo me pedí un batido de fresa con un mochi de fresa y Demon un batido de té verde con matcha (té verde molido) acompañado también con un mochi de fresa.  Aunque hay mucha variedad de batidos y helados, así como también tés o cafés.

El batido de fresa llevaba una frambuesa arriba, dos bolas de helado de limón, una de fresa y una base de coulis de fresas, arándanos y frambuesas. Símplemente delicioso. Y el batido de té verde tenía una textura de lo más agradable y por encima llevaba matcha, buenísimo también.

Y bueno, qué decir del mochi, simplemente el mochi más bueno que he probado en mi vida. En la fotografía parece muy pequeño pero es bastante grandecito, ya digo, lo que es quedarnos con hambre no nos quedamos, la verdad :).

Me quedo con dos conclusiones. La primera es que repetiremos sí o sí. Y la segunda es que lo recomiendo a todo aquel que disfrute de una buena merienda, le guste o no la cultura nipona, pues son postres aptos para cualquier tipo de paladar :D.

Podréis encontrar información sobre los horarios y situación en la página web de la pastelería (click click).